Cuento. Cómo supe que mi papá fue un espía
Va por ti
Mi papá trascendió un miércoles 3 de abril hace un par de años. Había ingresado al hospital por un problema que llevaba cargando algún tiempo y del que se había librado como tantos episodios fuertes en su vida. Pero este fue el verdadero final o al menos eso nos hizo creer.
Un par de días después de su funeral nos encontrábamos reunidos mi mamá, mis hermanas, mi hermano y algunos tíos conversando en la cocina de su casa. Se me hizo buena idea esculcar uno de sus cajones, en el que guardaba papeles y recuerdos e ir trayéndolos al centro la mesa.
De una caja provino lo que vino a revelar su secreto. Lo que parecía un bonche de credenciales de su juventud resultó ser una serie de credenciales falsas; universidades a las que nunca asistió, matrículas que no eran suyas y trabajos que nunca tuvo.
Así comenzaron las sospecha que él era un espía.
Al día siguiente me escabullí a la bodega del patio; la usaban para arrinconar todo lo que no usaban. Ahí me encontré con un radio transmisor, quizá de los años 60s, una caja que contenía revistas y libros muy extraños, un tarro con relojes viejos que aparentemente siguen funcionando y una serie de objetos más.
Al pasar los días y estar limpiando su oficina en casa comenzaron a salir un sinfín de inusuales artefactos que usaba para su trabajo, un aparato geolocalizador, herramientas de medición precisa y por lo menos un par de decenas de memorias USB escondidas en rincones de los muebles.
Si me voy al pasado he de mencionar que nunca supe con exactitud a qué se dedicaba, pero pasaba horas eternas dentro de su oficina en casa por horas, incluso días. Y cuando no se encontraba en casa es porque se encontraba en viajes de trabajo. Hacía tantos viajes que logró acumular millas suficientes para llevarnos de viaje a toda la familia en un par de ocasiones.
Recordé tantos sucesos extraños que en su momento no tuvieron relevancia, pero al juntarlos me hicieron llegar a la conclusión más fenomenal; mi papá era un espía, eso quería decir que nunca falleció, solamente fingió su muerte para continuar con su próxima misión.
Pero a mí no me engañó tan fácil, porque lo he logrado percibir cerca de mi desde entonces. Lo he notado vigilándome de vez en cuando, algunas veces ha mandado sus refuerzos para sacarme de algún apuro, como solía hacerlo en vida. A veces se las ha ingeniado para hacer tocar una de las canciones que me enseñó, ya sea en algún restaurante o algún bar con el fin de mandar un mensaje oculto nada más para mí.
Todas las mañanas me ha hecho llegar un colibrí a visitarme a mi balcón, porque sabe lo mucho que me gustan y es su manera de decirme que sigue presente, acompañándome, vigilando mis pasos.
Ha utilizado sus contactos para propiciar conversaciones con conocidos y desconocidos donde recuerdo las aventuras que pasé a su lado, porque sabe lo mucho que las disfruté y lo mucho que me hacen sonreír.
Hace no tanto tiempo se presentó disfrazado ante mí, como un anciano que se ha hecho mi amigo en el parque y con quien me refugio para platicar y me ha dado exactamente las palabras y consejos que solamente mi papá podría darme. Pero lo he descubierto a través de la mirada y del caminar pausado y derecho que siempre utilizó para desplazarse.
Finalmente, desde el día en que se fue, de manera meticulosa se ha encargado de hacerme conocer a las personas correctas que me han ayudado a sumergirme de lleno en los temas que me apasionan; el arte, la historia y sobre todo la familia.
Sé que él está en una misión nueva y no ha dejado de visitarme y se mantiene al pendiente de mí. Que ha logrado ser un gran espía porque a pesar de tener una nueva misión ahora, se ha mantenido cuidándonos desde la lejanía a cada uno de sus seres queridos.
Siendo honestos, sé que mi papá pudo haber sido mucho, menos un espía, pero imaginarlo así se ha vuelto divertido, como estar compartiendo un juego con él aún después del día que murió.
Si bien no miento con lo que fui encontrando después del día en que él se fue, no son los objetos encontrados, sino la manera en que he decidido relatarlos, y de esto se trata la vida, de encontrar magia e historias magnificas de lo simple, con las que recuerdas a las personas que son parte de tu camino.
Seguramente sus credenciales falsas tuvieron un motivo banal; sus artefactos son inusuales pues no nos dedicamos al mismo ramo; sus libros y relojes pudo conseguirlos en alguna subasta; pero he decidido hacer de su vida una historia fantástica, como lo fue él para mí.
Hoy se cumplen 2 años del día en que mi papá falleció y quise tomarme un respiro y homenajearlo. Él fue un gran padre, con el que viví muchas aventuras e historias llenas de diversión. Le debo a él y a la conexión tan especial que compartimos la razón por la que me encuentro aquí ahora.
Gracias, papá por seguir presente, porque desde el día en que terminó tu vida en la tierra, como el gran explorador e investigador que eres, tu camino comenzó por adelantado para recibirnos y acompañarnos el día en que nos toque partir. Gracias porque cuando más he dudado de estar haciendo lo correcto tus señales han sido claras y me aligeras el peso para continuar.
Te amo hasta la eternidad.



Comentarios en “Cuento. Cómo supe que mi papá fue un espía”
Que bonito relato, me llegaron emociones hermosas, felicidades!, este artículo es muy bello